Más allá
Hasta el próximo 28 de febrero, el CA2M, bajo el comisariado de Ferran Barenblit, acoge la exposición Fernando Sánchez Castillo. Más allá. ¿Qué hay más allá? Más allá implica la existencia de un lugar en el que se puede continuar avanzando, al que se llega tras traspasar un límite. Más allá de nuestras vidas nos espera el cielo o el infierno; el limbo o el purgatorio; la reencarnación o, sencillamente, la nada. Más allá es el lugar desde el que algunos creen recibir mensajes que ocultan designios sobre el futuro, señales que creen ciertas, pero imprecisas. En la década de 1980 más allá era Móstoles, la ciudad del área metropolitana de Madrid en la que vivía el adolescente Fernando Sánchez Castillo. Una periferia que franqueaba los límites de la expansión metropolitana y la misma en la que ahora, más de treinta años después, existe un museo de arte contemporáneo, el CA2M, que puede revisitar esa misma memoria.
Más allá de nuestra vida, cuando nuestros cuerpos se convierten en ceniza, solo queda nuestra memoria y nuestra imagen. El arte ofrece esa permanencia para siempre. La escultura es una resurrección: en mármol o en bronce, la estatuaria fue y es la forma por la cual emperadores, papas y reyes desafían la frontera que separa el aquí del más allá. La escultura es un ejercicio de poder. La imagen cada vez se ha puesto más al alcance de más individuos y, en los últimos doscientos años, ha conseguido estar al alcance de cualquiera. La escultura, al contrario, se mantiene como un reducto para pocos, para quienes pueden alcanzarla. Por eso, aún garantiza la inmortalidad: un escultor se esfuerza para conseguir la eternidad del retratado y, en consecuencia, la suya propia.
El artista debe siempre ir más allá. El Corto Maltés, el personaje de Hugo Pratt, persistentemente anuncia que siempre se debe ir un poco más lejos, superar la línea una y otra vez. Esta exposición gira precisamente en torno a esa obsesión: por cada trabajo existente, se presenta otro que re-sitúa la misma idea un poco más allá. Un paso más. Un hilo del que se tira un poco más para obtener un resultado más ambicioso o, al menos, más alejado del punto de partida.
Fernando Sánchez Castillo continúa avanzando más allá. En la presente exposición, ese recorrido le lleva a pensar en el sentido del monumento y su capacidad de conmemoración y evocación. En un segundo paso, esa evocación se convierte en algo más sutil, para deambular al espacio de la memoria. A través de elementos mucho más inmateriales (una cierta cantidad de aire, unos datos reflejados en un estudio), trae al presente elementos casi olvidados
del pasado y los convierte en reliquias. Por último, en una tercera fase se fija directamente en la historia, desplegando a través de algunas estructuras sus tensiones y sus dramas.