Alexander Kluge
La Virreina Centre de la Imatge presenta, bajo el comisariado de Neus Moyano, Valentín Roma y Gillermo Zuaznabar, Jardines de cooperación, la primera muestra dedicada a Alexander Kluge en el Estado español y la única retrospectiva de carácter museográfico que, hasta el momento, revisa el conjunto de su obra en el ámbito internacional. El propio autor ha dirigido la presentación expositiva y ha aportado una gran cantidad de materiales inéditos, procedentes de sus archivos personales y del fondo documental de su productora, Kairos-Film. Cabe resaltar que todos los trabajos audiovisuales exhibidos han sido específicamente creados por Kluge para La Virreina.
La trayectoria de Alexander Kluge (Halberstadt, 1932) es tan polifónica como apabullante. Con cincuenta y cinco filmes -entre cortos y largometrajes-, casi tres mil programas de televisión, una gigantesca obra literaria y decisivos ensayos de teoría política e historia del cine, Kluge ha desbordado el epíteto de autor de culto para convertirse en una suerte de institución tentacular. Ya sea mediante denuncias sectoriales o disputas parlamentarias, entrevistas polémicas o artículos periodísticos, sus posicionamientos percuten desde hace más de medio siglo la vida pública alemana.
Heredero del marxismo ilustrado de la Escuela de Frankfurt pero, a la vez, firme continuador del espíritu colectivista de los años sesenta y setenta, los proyectos de Kluge buscan la apertura y sostenibilidad de espacios de uso comunitario, «jardines de cooperación en mitad de la jungla informativa», según sus propias palabras. Así, frente a la figura robinsoniana del artista como tótem, Kluge opone la capacidad transformadora de la experiencia social. Contra el consumo acrítico de mercancías culturales aborda la escritura, las imágenes y la música en tanto que medios de producción de sentimientos, es decir, el ala práctica de las ideas.
Entre la sinfonía dadaísta y la ópera, entre la Gesamtkunstwerk wagneriana y el atlas audiovisual, sus propuestas rechazan cualquier división del trabajo e incluso niegan la idea de pieza finalizada, de ahí que explore los mismos temas indistinta y simultáneamente desde la literatura, el cine y la televisión; o que lleve a cabo versiones cambiantes de sus películas, sus relatos y sus programas televisivos, transfiriendo perspectivas de un territorio a otro, reutilizando fragmentos para realizar con ellos frisos de una duración desmesurada o brevísimas narraciones y ensayos fílmicos.
No obstante, Kluge se sitúa tan lejos de la noción sacramental de obra autosuficiente como de aquellas retóricas que vitorean procesos y metodologías, cruces de disciplinas e intercambios gramaticales. Por el contrario, toda su trayectoria personifica ese compromiso ágil e irreductible con una práctica sustancialmente útil, liberada del corporativismo y la endogamia, mientras que su producción se despliega a la manera de una partitura infinita, una fabulosa diatriba sobre la obstinación humana ante los avatares de la historia.
Foto: © Archiv der Internationalen Kurzfilmtage Oberhausen