Tecnologías de la violencia
Arts Santa Mònica presenta, bajo el comisariado de Piedad Solans, Tecnologías de la violencia, una exposición que aborda las relaciones críticas del arte con la producción contemporánea de violencia y las tecnologías digitales, así como las técnicas utilizadas por el poder para ejercer su imposición a través de la violencia.
La tecnología, como sistema de organización, servicios y control del poder, tiene en las máquinas, en internet y en los sistemas electrónicos instrumentos de dominio global que, tras la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, suponen la apertura a una «nueva época de seguridad política», como subraya Ralf Fücks, director de Heinrich-Böll-Stiftung, en una publicación titulada High-Tech-Kriege (Guerras High-Tech).
El control del aire y del ciberespacio y el «control del terror», señalado por teóricos como Peter Sloterdijk, Marc Augé, Jutta Weber, Herfried Münkler, Constanze Kurz y Paul Virilio, es el objetivo de las grandes potencias tanto como de gobiernos, empresas y grupos terroristas, que despliegan sus zonas de guerra, caos y dominio global y local mediante sofisticados programas tecnológicos: muerte anónima a distancia ejecutada por operaciones electrónicas, perfeccionamiento de cámaras, drones y sensores, sistemas de lucha computerizada y autónoma, ataques ciberespaciales, vigilancia por satélites y políticas de seguridad preventiva, control policial, aniquilación y éxodo de las poblaciones.
Tecnologías de la violencia plantea la configuración de la violencia en el imaginario colectivo, la iconografía y la simbología de la industria mediática y del espectáculo, así como las diversas formas en que las imágenes son producidas, consumidas o utilizadas por la industria bélica (dibujos de animación, videojuegos, programas). Asimismo, siguiendo los presupuestos de Foucault, Achille Mbembe y Subhabrata Banerjee sobre biopolítica, «necropolítica» y «necrocapitalismo» como sistema de producción global de muerte, la exposición propone una mirada a las formas de insubordinación con que trabajan los artistas desde el año 2000 y la llamada GWOT (Global War on Terrorism) en lo que supone, caídos los grandes sistemas de «redención» ideológica, la implosión del sistema neocapitalista.