Con la llegada del siglo XIX, la isla de Mallorca se convirtió en el destino escogido por escritores y artistas no sólo de España sino también del extranjero. Con la consolidación del romanticismo en Europa, caracterizado por la exaltación de la naturaleza y el gusto por el exotismo, surgieron los libros de viajes, que contenían descripciones detalladas de los lugares visitados, generalmente acompañadas de ilustraciones realizadas por el propio autor o por terceros, siempre a partir de sus indicaciones. Las Illes Balears, alejadas del fenómeno de la Revolución Industrial y de la modernización que ésta supuso a todos los niveles, mantuvieron prácticamente intacto su territorio, hecho que fomentó una visión idílica de Mallorca en Europa, tal y como reflejaron, por ejemplo, la escritora George Sand, que viajó en 1838 acompañada de Frédéric Chopin y que posteriormente publicó Un invierno en Mallorca; el Archiduque Luís Salvador de Habsburgo-Lorena y su vasta obra de carácter enciclopédico, Die Balearen. In Wort und Bild geschildert, publicada en Leipzig entre 1869 y 1891; o Gaston Vuillier en Les îles oubliées. Les Baleares, la Corse et la Sardaigne, obra publicada en Francia en 1893.
En el ámbito artístico, el contexto mallorquín en el siglo XIX se encontraba vinculado al romanticismo y el realismo francés, con el retrato, el género costumbrista, la pintura de historia y el paisaje como principales géneros, este último defendido como género independiente por el pintor y académico mallorquín Joan O’Neille en su Tratado de paisaje(1862). Sin embargo, entre los últimos años del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, destacados pintores procedentes del territorio español y del extranjero ?principalmente de Catalunya y Argentina? recalaron en la isla atraídos por su naturaleza y pusieron las basesde la renovación del género del paisaje. Las diferentes visiones de estos artistas en torno a este género, gracias a los cuales se introdujo el modernismo y el simbolismo en Mallorca, junto con la tradición pictórica mallorquina vinculada al academicismo, son recogidas en la exposición temporal organizada por Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma: Mallorca y la interpretación del paisaje. Obras de la colección de Es Baluard.
Mallorca, descrita como la «isla de oro» por Rubén Darío (quien realizó su primer viaje a Mallorca en 1906), o «L’illa de la calma» (la isla de la calma), tal y como la definió Santiago Rusiñol en su conocida obra publicada en 1913, es la protagonista de la presente selección de 29 pinturas procedentes de la Colección permanente de Es Baluard. Realizadas entre 1872 y 1934, las obras seleccionadas muestran la representación del paisaje natural mallorquín (en especial, la Serra de Tramuntana: Bunyola, Deià, Valldemossa, Sóller, Pollença…) y el entorno urbano de la ciudad de Palma de Mallorca, reflejando las dos corrientes artísticas vigentes en la isla.
La galería Cànem presenta Escultures de José Antonio Orts donde luz, sonido e interactividad con el espectador o con el entorno son elementos constantes, pero también son característicos de sus piezas la union esencial que se da entre forma y función, así como el empleo de los componentes electrónicos como los materiales plásticos normales de las piezas.
La forma de las piezas surge de su función, por lo que hay una unión esencial entre forma visual y sonido o luz producida. La distribución de los elementos de la instalación en el espacio se hace atendiendo a la vez a criterios visuales y sonoros; los primeros, derivados de la plasticidad del objeto y de la arquitectura del lugar, los segundos, procedentes de la composición musical y de la relación de la obra con el espectador. Los materiales electrónicos no solo están usados por su función (electrónica) sino que además constituyen los materiales plásticos normales de la pieza.
Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid presenta la exposición Aitor Ortiz. Verweilen que comisariada por David Barro recorre la trayectoria artística de Aitor Ortiz desde sus primeras series como: Destructuras (1995), Modular (2002), Muros de Luz (2006), Amorfosis (2007), Millau (2008) o Espacio Latente (2008) finalizando con la serie Net (2012) que se presenta por primera vez en esta sala.
El montaje está concebido por parte del comisario como un discurso donde se van desgranando las diferentes series a lo largo de las plantas de la Sala, haciendo énfasis en la concordancia con el singular espacio expositivo y su carácter industrial. Este recorrido termina en la cuba en donde se presenta una instalación sonora Verweilen, que da título a la exposición, y que escenifica un espacio donde domina la incertidumbre y la música, invitando al visitante a demorarse, a esperar sin prisa una revelación que le permitirá descubrir el misterio. De ahí que este concepto sea el punto final pero también el punto de partida, dando por ello título a la exposición.