La Galería Pilar Serra presenta en Madrid la primera exposición del artista alemán Rainer Splitt, residente en Berlín, tras haber mostrado varias piezas en su stand de Arco 2013.
La obra de este artista es de una claridad radical que se basa en el color, obras monocromas que no sabemos muy bien si identificarlas como pinturas o esculturas, quizá podríamos hablar de esculturas pintadas. Su forma de trabajar ha evolucionado gradualmente desde 1988 en que empieza con objetos tridimensionales, a sus primeras pinturas vertidas en 1990, manchas de color, mezcla de pintura y emulsiones sintéticas que derramadas sobre una superficie emergen como intensas formas de una gran luminosidad; en el acto del vertido, Rainer estudia las cualidades del líquido, su potencial para extenderse y el gradual proceso de secado, un proceso que parece casual, y que es una forma de formularse preguntas, cuestiones relacionadas con el espacio y su relación con la materia, la línea, el color, y a las que quizá cada espectador deba dar su propia respuesta.
Sus cajas nos llevan irremediablemente a Donald Judd y al minimalismo americano que Splitt es evidente que tiene en cuenta aunque se distancia de las herméticamente perfectas cajas de aluminio del maestro, parafraseándolas en cajas de PVC de bajo coste, cajas que cambian su función estética de ascética pureza y devienen contenedores vivos de pintura en los que a veces ésta fluye y se traspasa de una caja a otra aunque luego el artista socave la secuencia de su proceso de trabajo interrumpiendo deliberadamente la sucesión que podría parecernos lógica, mezclando los colores.
La muestra, la primera en España, compuesta por papeles pintados, cajas, pinturas vertidas sobre el suelo, nos dará una visión global de los postulados de este artista de fuerte personalidad que pone al día la tradición con una nueva y refrescante mirada.
Prudencio Irazabal presenta su último trabajo en la Galería Helga de Alvear. En sus nuevas obras, Prudencio Irazabal continúa con su incansable investigación que, a partir de una búsqueda etimológica y el análisis de los medios puramente físicos de la pintura, se centra en una forma de entender el proceso pictórico como algo que sucede, no sólo en la superficie, sino en los sustratos más profundos del cuadro. Esta mirada tan enfáticamente material le ha ido devolviendo a lo largo de los años significados opuestos que bien podrían por terminar de describirla como «perpendicular a la superficie» del lienzo.
Así, en estos nuevos trabajos y mediante las llamadas «técnicas de persistencia», el artista, a base de repetir gestos de similar naturaleza en una misma zona de la tela con la aplicación de colores traslúcidos, provoca la revelación de rastros que sólo un tiempo prolongado de trabajo puede generar —el proceso de creación de algunas de ellas y que ahora se presentan ha llegado a extenderse hasta un lustro—.
Sin restarle importancia a aquellos aspectos de la pintura que una cámara fotográfica puede captar y hace posible reproducir en pantalla o papel, estos procedimientos de trabajo crean zonas perceptuales que sólo puede dilucidar el espectador situándose físicamente frente al cuadro.
Aunque poco estudiada fuera de los departamentos de restauración de las instituciones museísticas, para Irazabal esa vida interior de la pintura tiene un enorme peso en la percepción. Para mostrarla y poder captarla sólo con la mirada sin la necesidad del uso de un un instrumento técnico, el artista se sirve de un material acrílico especialmente transparente. Y es que la transparencia no sólo crea profundidad y obliga a la materia a rendir pleitesía a la luz, sino que, al no necesitar de aprendizaje o análisis, actúa con autonomía frente al ojo desnudo y confiado.
Estas nuevas pinturas aportan un mayor protagonismo a las capas inferiores del cuadro y resuelven mediante novedosas fórmulas la integración de los colores más opacos en las capas superiores. El color se revela sobre todo en su papel de catalizador de la luz, dejando en segundo término sus marcadores emocionales para los que, contra lo que se suele pensar, no existe norma alguna. Las constantes de fluidez y permeabilidad, junto con otros aspectos que aparecen asociados a la multiplicidad de espacios, la irradiación del color y la falta de un enfoque preciso, son algunos de los argumentos principales que Prudencio Irazabal hace confluir en los lienzos que ahora presenta en la Galería Helga de Alvear.
Vuelve el Festival Play al Patio de La Casa Encendida de la Fundación Especial Caja Madrid los días 14 y 15 de marzo. Séptima edición de un festival que nos acerca las propuestas más arriesgadas en torno a la fusión del cine y la música. Un híbrido contemporáneo que toma cuerpo a través del cine en directo y el concierto audiovisual. La Casa Encendida presentará varias actuaciones que incorporan, en directo, distintas disciplinas y medios como el vídeo, el cine, la poesía, la música, el performance o la conferencia.
Este año está dedicado a las distintas maneras de trabajar con materiales de archivo; tanto de internet (jueves 14 de marzo) como cinematográficos (viernes 15 de marzo). Combinaciones inusuales que reconfiguran el espacio escénico musical o audiovisual descubriendo nuevos campos de creación artística. La poeta inglesa Heather Phillipson presenta dos de sus 'películas habladas' en las que su voz en directo se entromete en la proyección de sus vídeos, y Erik Bünger dará una conferencia performance sobre la película El Tercer Hombre, un ensayo a través del lenguaje cinematográfico. El archivo de grabaciones de manifestaciones del artista americano Mark Tribe se proyectará con la música del guitarrista Frédéric D. Oberland, y People Like Us presentará su nuevo trabajo sobre archivos sonoros y cinematográficos, Consequences (One Thing Leads To Another).
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