Cristina Lucas presenta en Rekalde la exposición On Air cuyo eje discursivo es el deseo de la humanidad por surcar los cielos y cómo ese desarrollo tecnológico ha tenido para ella nefastas consecuencias.
La propuesta se articula a modo de políptico. Comienza con la instalación Sin título. Vuelan, una compilación de los personajes voladores de ficción todos los tiempos y culturas. Continúa con el vídeo Piper Prometheus en donde vemos un avión sobrevolando Barcelona con un cartel con la fórmula de la elevación de las aeronaves. From the Sky Down, la pieza central, es un recorrido histórico por todos los bombardeos con víctimas civiles.
El Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena ARQUA presenta Playtime una selección de fotografías, pinturas y esculturas en torno al tema de el juego y los jugadores, un tema recurrente para artistas de todas las épocas y culturas, también en la actualidad.
Los artistas que participan son: Marlon de Azambuja, Eduardo Balanza, Antonio Ballester, Nono Bandera, Virginia Bernal, Javier Calleja, Cantabella, Dora Catarineu, Charris, César Fernández Arias, Juan Cuéllar, Juan Manuel Díaz Burgos, Dis Berlin, Marcel Dzama, Leandro Erlich, Neil Farber & Michael Dumontier, Cayetano Fernández, FOD, Gómez Bueno, Cuqui Guillén, Ciuco Gutiérrez, Sara Huete, Chris Johanson, Kaoru Katayama, Iñaki Larrimbre, Chema Madoz, Sigfrido Martín Begué, Walter Martin & Paloma Muñoz, Enrique Marty, Peter McDonald, Rebeca Menéndez, Eugenio Merino, Roberto Mollá, Carmen Navarro Salinas, Paco Pomet, Liliana Porter, Wilfredo Prieto, Gonzalo Puch, Fernando Renes, Manuel Sáez, Juan de Sande, Gonzalo Sicre, Jonas Wood.
El Casal Solleric presenta Ensoñaciones de Lucía Vallejo. La incorporación al ciclo de Lucía Vallejo (Bilbao, 1975) es el resultado de un movimiento natural de búsqueda (y hallazgo) de puentes tendidos entre Oriente y Occidente, puentes que permiten el tránsito en ambas direcciones permitiendo así las llamadas transferencias “que son una forma educada y cultista de referirse a los viejos términos “invasión” y “conquista”. El nuevo imperio en erupción, el imperio chino, hace tiempo que ha acometido el proceso transferencial, recabando tributos, sacrificios sociales e intelectuales, e incluso grandes áreas de soberanía tanto institucional como empresarial a Occidente a través del poder que la tenencia de casi la mitad de la liquidez dineraria mundial le proporciona; a su vez, el proceso transferencial inverso lleva ya unos lustros dejándose notar, provocando la silenciosa introducción en nuestro mundo de valores y referentes propios de su cultura, y arrastrando hacia la caducidad muchos viejos iconos de nuestro siglo XX (como es el caso, por poner un ejemplo, de todo lo que tiene que ver con las postmodernidad).
La obra de Lucía Vallejo es en sí misma una manifestación de ese doble movimiento de transferencia: si bien su punto de partida artístico es el estudio del barroco europeo, impregnado de símbolos religiosos cristianos, de representaciones de la realeza y el poder, y de reproducciones de una naturaleza idealizada y en general de conceptos culturales propios de nuestra civilización, la inserción en ella del vacío (concepto absolutamente exótico para un occidental), del sueño como energía que circula y une la totalidad del universo (a modo del chi taoista) y del agua como ámbito en el que el vacío es indistinguible y por tanto fluye con la misma cadencia que su contrario (Ser y no-ser tienen el mismo origen aunque distintos nombres, dice el Tao) asientan un planteamiento que le permite, a estas alturas de curso, recuperar el denostado concepto de belleza, la perdida apuesta por la emoción, el arrinconado anhelo de soledad como alimento del espíritu, todos ellos hace años enterrados en nuestro mundo moderno crecido a las faldas del imperio norteamericano, agonizante ahora.
Para acercarse a la intervención de Lucía Vallejo en la Zona Base del Casal Solleric hay que tener en cuenta varios referentes: la instalación “El sueño de Venus” de Salvador Dalí, realizada en el pabellón de la Feria Mundial de Nueva York en 1939; obviamente el personaje de Ofelia del drama de William Shakespeare; y en especial los textos “El agua y los sueños” y “La poética del espacio” de Gaston Bachelard. A través de la utilización de estos recursos y de aquellos que le son propios a su proceso creativo, Lucía Vallejo nos habla en “Ensoñaciones” de la carga de la ausencia y de la pérdida, del vacío físico y psicológico, de la vestimenta como coraza protectora de la soledad. En este sentido quiero aquí citar a Chantal Maillard, que escribe: “La angustia es esa nada / que de pronto florece / en la oquedad”. Exactamente ése es el proceso que genera esta obra, a medio camino de Oriente y Occidente. Una obra atravesada de lirismo y de carga semántica en la que el pliegue del espacio, del agua, deviene abrazo del vacío, pérdida transcendida, y el fondo del mar un recinto ahogado donde todo trascurre más allá de la vida y de la muerte.