La Galería Blanca Soto inaugura, el 18 de julio a las 18h, la exposición Obra Reciente de José Luis Santalla.
José Luis Santalla ha explorado en muchas de sus series anteriores las rupturas con los modelos de verdad fotográfica, estableciendo claves narrativas de ficción, como en Un mundo feliz (1999), serie de retratos de maniquíes cuyas expresiones sitúan entre una perfección idealizada y la simulación o Fugas (2002) donde los vestigios de ropa, objetos y zapatos dan las claves de la presencia de cuerpos invisibles o de su ausencia, en un clima de ironía surrealista.
En los trabajos más recientes que presenta ahora en la Galería Blanca Soto, las rupturas de las convenciones sobre la idea de verdad y sobre la copia múltiple son ya extremas, y tienden a reconsiderar procesos manuales de alteración de la imagen. Las fotografías, en blanco y negro y obra única, fruto de la combinación de diversas imágenes, han sido raspadas y lijadas para recrear una simulación pictórica o dibujística.
En estos procedimientos la imagen fotográfica pierde su nitidez, pero también aparece dotada de un halo fantasmal, irreal. La tensión de la fotografía hacia la obra única aparece en cierto modo como una contradicción. Es en realidad una paradoja que sin embargo puede tener muchos sentidos: bajo la cobertura de romper una característica esencial de la fotografía, la idea de obra única tiende a asimilar la fotografía con la pintura, pero también abre la posibilidad de la alteración como singularización y la flexibilización del medio. Del mismo modo, se han producido en la pintura proyectos de seriación que excluyen la idea de copia, o de simultaneidad pictórica que vacía de contenido la contraposición entre original y copia.
En estas obras de J.L. Santalla, la idea de obra apunta a una economización de la imagen y subraya el valor manual de la alteración como una característica también fotográfica.
Continuando con el modelo de exposiciones de pequeño formato, como las dedicadas durante los últimos años a Tiepolo, Morandi o a los bodegones flamencos y holandeses del siglo XVII, la Fundación Juan March presenta entre los días 17 de julio y 31 de agosto de 2013 otra muestra de pequeña envergadura, La Minotauromachie (1935): Picasso en su laberinto, articulada en torno a la pieza central de la La Minotauromachie (1935), obra principal de la producción gráfica de Picasso y perteneciente a la colección de la Fundación; una obra de tirada muy reducida (de la que apenas hay ejemplares en nuestro país) y que algunos especialistas consideran la estampa más importante de todo el siglo XX.
La Minotauromachie, un aguafuerte de grandes dimensiones, realizado en 1935, y esencial en la producción del artista malagueño, de hermético significado y del que se realizó una tirada pequeña, es una síntesis iconográfica de todos los motivos que más tarde se recogerán en el Guernica (1937) -el Minotaruro, el grupo central del caballo herido con mujer-torero recostada sobre él, la niña con la vela, las mujeres que contemplan la escena- y que, igualmente, habían sido tratados con anterioridad en multitud de grabados y dibujos. La Minotauromachie es una obra intensa y uno de los mayores logros de la historia del arte. Picasso consigue captar en esta obra la angustia existencial del ser humano partiendo de situaciones vividas y realidades sentidas personalmente, echando mano de toda clase de recursos formales, de símbolos y figuras de otras generaciones, épocas y culturas, extrapolando una experiencia personal a un lenguaje universal, usando toda clase de recursos formales que pone al servicio de su necesidad de expresión.
Del 17 al 21 de julio, el Festival RIZOMA 2013 celebra la evolución a través del cambio, celebrando la transición y la transformación como maneras de trascender.
RIZOMA construye cada edición en torno a un concepto central que explorar y festejar. En esta nueva edición juegan con el prefijo TRANS- en todas sus formas y variaciones. Con una programación internacional que une cine, arte, música y conferencias, RIZOMA celebra y dialoga sobre la cultura en transición, el arte transgresor y referencias transatlánticas.
Durante una semana habitarán la calle de Martín de los Heros y la Plaza de España para reclamar el uso de esos espacios abandonados en medio de la ciudad y convertirlos, durante una semana, en el epicentro cultural de Madrid.
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