El Centro de Arte de Alcobendas presenta, bajo el comisariado de Oliva Rubio, la exposición En busca del hombre que montaba sobre un burro blanco, de Yaakov Israel.
El proyecto parte de la tradición judía ortodoxa que considera que el Mesías llegará montado
sobre un burro blanco. Hace unos años, mientras el fotógrafo sacaba fotos cerca del Mar
Muerto, un hombre palestino pasó junto a él subido a un burro blanco y lo fotografió. Al revelar
la imagen se dio cuenta de que había encontrado a su «Mesías» y ese encuentro le animó a iniciar este proyecto.
La tradición norteamericana de los grandes viajes fotográficos sirvió a Yaakov Israel como referencia en la fase inicial de su búsqueda, a pesar de que el tamaño de su país convirtiera el viaje en una experiencia condensada. A medida que pasaba por los mismos lugares una y otra vez, la personalidad de su proyecto fotográfico se le fue revelando. Tuvo que desprenderse de la idea de narrar el viaje físico para concentrarse en las reacciones íntimas y emocionales que los lugares despertaban en él.
"La búsqueda del hombre en el burro blanco constituye mi intento de transmitir una visión personal de la realidad israelí desde un sentimiento más amplio de pertenencia a la colectividad humana global. En Israel siento que los restos del pasado están fuertemente entrelazados con las marcas y señales del presente y las preguntas sobre nuestro futuro. Esa es la razón por la que algunas veces es posible contemplar en su totalidad pasado, presente y futuro revelados al mismo tiempo frente a los propios ojos. Parte de mi identidad como israelí consiste en cuestionarlo todo, en no dar nada por hecho, para mostrar las tensiones que existen siempre, constantemente, y desvelar la verdad oculta tras la construcción de la realidad aquí y ahora. Los aspectos religiosos y sociales se filtran en la vida diaria y los significados que encierran se muestran a medida que el viaje progresa", comenta Yaakov Israel.
Con la Colección Eguidazu de Literatura Popular, Casa del Lector y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez ofrecen al público en general y a los investigadores la posibilidad extraordinaria de conocer el modo en que nuestra sociedad se hizo masivamente lectora, pues no podríamos conocer la evolución de la realidad lectora española sin tener en cuenta lo que la Literatura Popular significó. Y ese es el privilegio que nos brinda esta colección, motivo fundamental de esta muestra.
La literatura popular supuso el auge de unas lecturas ajenas al canon formal. En ella está
el verdadero germen de lo que hoy llamaríamos superventas. De discreta calidad – salvo
excepciones– tuvo una acogida fervorosa por parte del público, que podía acceder, por vez
primera en nuestra historia cultural, a unas obras de precio muy asequible, formato adecuado
y duración acorde a la destreza lectora de muchos de los que se iniciaban en la práctica de la
lectura. La diversión y el entretenimiento eran sus principales objetivos.
Las personas que visiten la muestra tendrán ocasión de comprobar cómo la literatura de
masas constituyó, en ocasiones, un potente artefacto de difusión ideológica y generación de
valores. Las cubiertas de las novelas que se han seleccionado para la exposición dan cuenta
de un imaginario asociado a una realidad sociopolítica donde la asignación de roles venía
marcada desde la cuna. La violencia contra la mujer, el desprecio del diferente, la compasión mal entendida, la pobreza como condena histórica redimido por la prácitca de la caridad, asimilada como mal inexorable, son algunos de los caracteres de una etapa pre-democrática que, en cierto modo, perviven en nuestros días.
Los interesados en el tema podrán acceder a los libros publicados por las más populares
editoriales de finales del XIX y primera mitad del XX, como Juventud, Bruguera, Molino, El
Gato Negro, Clíper, Maucci, Sopena, Cíes y otras, cuyo fondo sobre literatura popular es hoy casi
inencontrable, salvo en librerías de viejo. Estas editoriales editaron con periodicidad semanal,
quincenal o mensual colecciones míticas y ampliamente recordadas: El Coyote, Luchadores del
Espacio, FBI, Biblioteca Oro, La Saga de los Aznar, Hombres del Oeste, Violeta, La Novela Deportiva, Rodeo, El Pirata Negro o La Novela Rosa, permitirán un agridulce viaje a un tiempo en el que conocidos escritores como José Mallorquí, Corín Tellado, Guillermo López Hipkiss, Carmen de Icaza o Marcial Lafuente Estefanía eran los reyes y las reinas del panorama editorial.
Paralelamente a la exposición se celebrará una mesa redonda en torno a la literatura popular
en España en la que participarán: Ramón Charlo, Fernando Eguidazu y César Mallorquí (día
19 a las 19 horas) y se proyectará el documental “M.L. Estefanía. Galicia, más Oeste que
nunca”. Contará con la presencia de Xosé Ballesta y Miguel Anxo Fernández (responsables del
documental) y Domingo Villar (presentador). (Jueves 20 a las 19:45 horas).
El Museo del Prado presenta la exposición Estampas japonesas, una muestra que, ordenada cronológica y tipológicamente, comienza con las estampas más antiguas que posee el Museo. La primera de ellas data de finales del siglo XVII y consiste en una escena impresa con tinta negra a partir de un solo taco de madera donde su autor, Torii Kiyonobu, muestra una escena de la obra de teatro Daifukucho sankai Nagoya representada en Edo a principios de 1697. En el segundo grabado de la muestra, ya en 1760, Ishiwaka Toyonobu representa la escena de una buceadora recolectora de orejas de mar en una estampa impresa con dos tacos de madera estampados con tinta de dos colores (benizuri) en la obra Pescadora de orejas de mar y niño.
El resto de los grabados de la exposición aparecen ya realizados mediante la técnica de múltiple impresión de tacos de madera a color (nishiki-e). Las primeras estampas polícromas son dos escenas de los Cuentos de Ise realizadas entre 1770 y 1780 por Katsukawa Shunshô. La era Kansei, uno de los momentos culminantes de la estampa japonesa, también está presente en la muestra de la mano de algunos de los artistas de mayor prestigio de Edo como Kitagawa Utamaro con Dos jóvenes mujeres con abanico, Kubo Shunman con Escena campestre y Katsukawa Hokusai con Kameido tenjin, una vista del Templo de Kameido.
Ya en los albores del siglo XIX hay que destacar una estampa de guerra que representa la rebelión de Hôgen, firmada por Katsukawa Shuntei, y el retrato de una cortesana de Yoshiwara obra de Kikugawa Eizan. Utagawa Hiroshige, un artista que gozaba de gran popularidad en Occidente gracias al japonismo, también está representado, con siete estampas de paisajes, en esta muestra que finaliza con una panorámica del lago Shinobazu de Chikanobu y un tablero de Sugoroku, un juego de mesa similar al de la oca.