La galería Espai Visor acoge la exposición Humberto Rivas: WORKS: 1978 - 2007. Nacido en Buenos Aires en 1937 y residente en Barcelona desde 1976, en plena transición hacia la democracia y donde llegó huyendo del ambiente de violencia y desapariciones que se empezaba a vivir en su país de origen. Muy pronto, Rivas se empezó a relacionar con el mundo artístico y, particularmente, con los fotógrafos de la generación de los años setenta, para quienes se convirtió en un referente.
Humberto Rivas muestra en sus fotografías una pasión por dos géneros: el retrato y el paisaje, así como una preocupación por las huellas que el paso del tiempo deja tanto en los rostros y en los cuerpos como en los espacios y los objetos.
La fotografía de Humberto Rivas no pretende captar el mundo ni atrapar un instante, sino que trata de construir una imagen. El fotógrafo trabaja básicamente con una cámara de placas que necesita tiempos de exposición muy largos. En las tomas de exteriores utiliza una brújula para poder medir los efectos de luz en el momento exacto de tomar la imagen y compone tanto retratos como paisajes como si se tratase de un trabajo de estudio. En estas composiciones, Humberto Rivas trata de provocar una fractura en los hábitos de percepción introduciendo elementos ajenos a la lógica. Es así como consigue crear un efecto que Sigmund Freud denominó «lo siniestro». Se trata de aquella clase de sensación de inquietud que genera una visión inesperada de las cosas conocidas y familiares, cuando éstas se nos presentan con un aire ajeno pero sin haber cambiado su aspecto habitual. Los retratos de Humberto Rivas, en primer plano, completamente frontales y sin fondo, a veces de espaldas o escondidos detrás de una máscara, oscilan entre lo humano y lo autómata, entre lo animado y lo inanimado. Por eso producen esta sensación de extrañeza.
Rivas fotografía también paisajes: flores marchitas, lugares abandonados, calles desiertas, paredes desnudas, casas vacías y puertas cerradas; ruinas que muestran su fascinación por el silencio y por las huellas del paso del tiempo.
La galería Canem de Castellón inicia su temporada expositiva con la exposición Wasser und Brot - Pan y Agua de Bernhard Lehmann.
Cuando no queda mas que el Pan y el Agua (el minimo vital) se avecinan malos tiempos. Y es
sobre esta pareja de elementos que proyecta el autor su vision, invitandonos a participar en el
juego de la vida Pan y Agua : principio o final.
Durante el SXX se han llevado a cabo, en el campo de la escultura, grandes cambios conceptuales. Y estos, formales, materiales y conceptualeas, desplazan los anteriores
planteamientos , generando una nueva expresion, para una sociedad cambiante en un mundo
nuevo.
La experimentación tridimensional,desarrollada por el autor, le conduce a un concepto nuevo
de espacio: activo, abierto y organico; espacio virtual que facilita el despliegue de las formas, y
que la dinamica visual ocupa y completa; consiguiendo de esta manera una nueva forma de
”corporeidad”. En esta escultura “construida”, de carácter conceptual, subyace un compromiso
social, político y cultural. Los materiales con los que trabaja nos hacen releer la cuotidianidad.
B, Lehmann , adscrito a los “Nuevos Comportamientos Artisticos” ligados al arte conceptual,
se ha concretado en el desmembramiento de los materiales, utilizacion de los elementos
residuales y los vestigios recuperados; que ensamblados ,formalmente metamorfoseados,
caminan hacia una via descontextulizadora: por una parte el significado intrinseco del objeto en si mismo, y , por la otra, la carga simbolica que adquieren tan desconcertantes y perturbadores
montages. Estos objetos pobres, verstigios de la civilizacion actual, son los restos urbanos,
caducos y temporales, que transmutandolos crean una nueva relación de similitudes y
significados.
Todas sus propuestas, inconformistas, ironicas y criticas, nos invitan a la reflexion, la
participacion activa y el compromiso; siendo el resultado de la reflexion del mismo autor sobre la intencion de la mirada y los aspectos visuales que se esconden detrás de la imagen.
Estos objetos acentuan la decrepitud humana y la desolación; tras ellos esta la poetica de la
vida que cambia lo humilde en sublime y la sencillez en trascendencia. Nuestras vivencias
,memorias,reivindicaciones....quedan reflejads, gracias a las posibilidades metaforicas de los
elementos en juego, recuperando el objeto para una nueva lectura poetica,
La galería Fernando Pradilla abre la temporada con la exposición Obras Recientes de Pipo Hernández, en la que es su segunda individual en dicho espacio.
El artista retoma la fuente iconográfica que ha venido utilizando en sus últimas propuestas pictóricas: imágenes extraídas del entorno cinematográfico, de inteligible identificación por el espectador que reconoce las claves de una estética y singulariza dicho modo de narración audiovisual. A partir de aquí, Pipo Hernández establece una simbiosis entre los signos formales de la imagen pictórica y de la cinematográfica, que se inicia con la selección de un fotograma y prosigue con la alteración de un plano, con la recreación de un encuadre o con la manipulación del espacio o de la luz, para llegar finalmente a una percepción de tiempo detenido e imagen estática o congelada, que recorre toda la obra.
Sin embargo, el enfoque cardinal de este artista va encaminado, no ya a reflejar con certeza y habilidad técnica la realidad elegida, sino a generar un juego de asociaciones visuales contrapuestas; a configurar una connotación distinta para la imagen recreada, porque cuando Pipo Hernández descontextualiza un fotograma cinematográfico, lo está trasladando a un nuevo espacio conceptual. El artista sigue desarrollando los “montajes analíticos” pero a diferencia de sus anteriores obras en las que introducía textos en lenguas minoritarias, en sus nuevos trabajos aparecen grandes brochazos con una fuerte carga matérica que contrarrestan la uniformidad pictórica con la que se ha tratado la escena principal y rompen con el rigor de la imagen. También coloca elementos naturales que sobresalen del lienzo y transgreden la bidimensionalidad física del mismo. El objeto más repetido que se ha introducido son las asas metálicas que coloca por la superficie de la obra o en la parte superior del bastidor. Con este elemento el artista hace referencia, por un lado, a una carga industrial y, por otro alude al carácter mercantil que se le da a las obras de arte. La sutileza con la que maneja los recursos plásticos expresan su vocación de reflejar un contexto complejo y poliforme que se rehace cada vez y lo hace con voluntad subversiva al pretender situar lo marginal y periférico en el centro de la lectura de sus obras.