El Nivell Zero de la Fundació Suñol presenta el ACTE 29: Martí Anson. Pabellón catalán, Arquitecto anónimo, un proyecto que toma como punto de partida la casa de vacaciones que Joaquim Anson ideó y construyó para su familia en los años setenta. Su hijo Martí la ha reconstruido con el objetivo de reivindicar la arquitectura anónima y sirviéndose del icono de los pabellones nacionales de las exposiciones universales. El Pabellón catalán se presentó por primera vez en el Palais de Tokyo de Paris en 2013.
A principios de los años 60, Joaquim Anson se dedicaba a la creación de muebles de madera de manera altruista en Mataró. Su objetivo era hacer muebles a un precio asequible, siguiendo una cierta tendencia de la época centrada en la cooperación entre profesionales de diferentes disciplinas. Arquitectos, abogados, administradores, gestores y artesanos trabajaban conjuntamente en varios proyectos, apostando por las prácticas comunitarias y rompiendo con el sistema jerárquico de la dictadura.
Siguiendo el espíritu de la edificación barata, Joaquim Anson, que no era ni arquitecto ni constructor, se planteó la construcción de una casa de vacaciones para su familia. Después de comprar un solar en las afueras de un pueblo de La Garrotxa, se lanzó a la construcción pensando que era posible disponer de una casa a bajo coste utilizando el mínimo necesario de materiales. Por esa razón, diseñó una casa en que la construcción con ladrillos cubría todas las necesidades, tanto a nivel de estructura como de mobiliario, que se incorporaba directamente a la obra de ladrillo. La economía del espacio era uno de los puntos esenciales de la edificación. Un edificio como un mueble.
En el año 2013, con motivo de la presentación en el Palais de Tokyo de Paris, su hijo Martí Anson decide reconstruir la casa. Se trata de una estructura de madera desmontable, que se puede volver a montar en pocos días y sin la ayuda de profesionales. La construcción de Anson rinde homenaje a los constructores anónimos que realizaban proyectos que se concretaban en edificios sencillos, funcionales y asequibles.
De esta manera, pone en valor los conocimientos y el know how del patrimonio local, como hacen los pabellones nacionales de las exposiciones universales e internacionales, que representan las ideas de un país a partir de la forma arquitectónica en que se concretan. Así pues, la casa familiar es también un “pabellón catalán” y adquiere así un cierto significado político, aquel que reivindica una forma de acción anónima y cooperativa.
PROGRAMACIÓN DE ACTIVIDADES EN EL PABELLÓN
Comisario: Frederic Montornés
08/05/2014, a las 19h
Inauguración de la exposición de Rasmus Nilausen.
03/06/2014, a las 19h
Acción a partir del concepto de copia y anonimato en la producción arquitectónica desde la domesticidad, a cargo de MAIO
19/06/2014, a las 19h
Charla de Josep Muñoz i Pérez alrededor del mobiliario arquitectónico en los años 60.
03/07/2014, a las 19h
Intervención con el espacio de Carme Torrent y Aimar Pérez Galí
El sábado, 10 de mayo, a las 22 horas, el Teatro Real celebrará la octava edición de las Jornadas Europeas de la Ópera con un impactante espectáculo visual en tres dimensiones sobre su fachada de la Plaza de Oriente, realizado con la técnica de mapping, del que podrán disfrutar madrileños y turistas de forma gratuita.
Esta novedosa forma de creación artística convertirá el exterior del Teatro en un escenario virtual, en el que la fachada tomará vida para hacer un recorrido a través de la historia de la ópera, con un creativo juego de luces y sonido, en el que cada piedra de este emblemático edificio de la ciudad se volverá animada para hacernos disfrutar de un momento inolvidable.
Al finalizar el espectáculo, el Coro Intermezzo, Coro Titular del Teatro Real, cerrará la jornada con la interpretación al aire libre, de uno de los momentos más conocidos de de la ópera.
El mapping ha sido creado por la empresa Triick, especializada en la organización de videomapping, actividad consistente en diseñar animaciones virtuales en tres dimensiones, acompañadas de efectos de luminotecnia y sonido, adaptadas a las especiales características arquitectónicas del edificio. De esta forma, elementos estáticos de grandes dimensiones pierden su rigidez y se convierten en una obra de arte viva y dúctil, de la que puede disfrutar el público de todas las edades.
Para la realización de este espectáculo se ha necesitado casi un mes para medir y analizar la fachada del Teatro Real, para conocer en profundidad sus detalles y rincones, y conseguir que la sincronización entre los componentes de audio y vídeo sea perfecta.
Las Jornadas Europeas de la Ópera se celebrarán este fin de semana en las principales ciudades del continente, con la finalidad de divulgar entre todos los ciudadanos la cultura de la ópera. En Madrid el espectáculo del Teatro Real ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, Telefónica y Triick.
El Centro de Arte de Alcobendas presenta la exposición Pasión y oficio por la fotografía de Rafael Sanz Lobato.
Una pasión que surgió a los quince años, durante sus veranos en Sevilla, donde pasaba horas contemplando las fotografías antiguas de su familia, y de sus paseos a hacer recados, en los que veía a la gente de la calle que le llamaba mucho la atención, imágenes que se quedaron grabadas en su memoria y que le hicieron desear tener una cámara, algo que no se cumplió hasta los veintidós años.
Pasión que no ha desaparecido con el paso del tiempo, y que pudo desarrollar con mayor libertad cuando se compró su primer Seat 600, allá por el año 1962, lo que le permitía salir de Madrid a recorrer los pueblos de España para llevar a cabo lo que él mismo llamaba «documentalismo de fin semana». Ha sabido reflejar como nadie el carácter y la diversidad cultural de nuestro país, con trabajos tan reconocidos como A Rapa das Bestas (Pontevedra), Bercianos de Aliste (Zamora), la Caballada de Atienza (Guadalajara) o Auto Sacramental de Camuñas (Toledo), reportajes recogidos por otros fotógrafos como Cristóbal Hara o Cristina García Rodero, al que consideran su maestro.
Y oficio, porque su dedicación, desde sus inicios hasta hoy, ha sido plena y en todos los ámbitos. Al poco tiempo de empezar, y en la misma tienda donde se compró su primera cámara, preguntó al encargado qué hacía falta para revelar y así, sin más, aprendió a revelar él solo, algo que ha continuado haciendo hasta que el deterioro visual se lo ha permitido. En palabras del propio Sanz Lobato, «incluso perdiendo la vista hago mejores copias que hace quince años, porque es una cuestión de oficio».
Un defensor férreo del blanco y negro, con el que obtiene un color especial y una de las tonalidades más extraordinarias que ha dado la fotografía, algo que podremos comprobar personalmente en esta muestra, en la que repasamos la trayectoria de los trabajos documentales, bodegones y retratos en sesenta imágenes.