Promoción del Arte presenta El aura de los ciervos, una exposición de Miguel Ángel Blanco en la que la creación contemporánea convive con obras del Museo del Romanticismo, para evocar en el espectador una imagen mítica de la naturaleza.
El grabado de Fernando Brambilla Vista del Real Palacio de Riofrío tomada entre el Norte y Levante, con relámpago, que se conserva en el Museo del Romanticismo, ha servido de base para realizar una selección de obras pertenecientes a la colección del museo que reflejan la fascinación por un animal con una carga simbólica ancestral y dan idea de las distintas facetas que tuvo en el período romántico su representación artística.
Estas obras se muestran junto a ocho libros-caja de Miguel Ángel Blanco pertenecientes a su Biblioteca del Bosque, siete de ellas realizadas ex profeso para la muestra. La exposición culmina con una instalación que escenifica la liberación del aura de los ciervos, utilizando metopas y cuernas procedentes del Museo Nacional de Ciencias Naturales, complementada por una intervención sonora que reproduce el entrechocar de las cornamentas y la berrea, convocando el misterio de la expansión del sonido en la naturaleza.
Art Deal project acoge la exposición Haluros de plata de Daniel Garzee y Rafa Ruiz, donde podemos ver dos maneras muy diferentes de usar el B/N tradicional tanto a nivel de resultados como de técnica. Unidos por el aspecto clásico y elegante de la imagen B/N. Ambos artistas experimentan sobre su capacidad de emocionar y transmitir con un halo de eternidad y a su vez aportando una intensa mirada que legitima la obra por su complejidad técnica. Nunca es un terreno amable el B/N. La instantaneidad del trabajo de Rafa Ruiz, cercano al fotoperiodismo, se opone completamente a los reposados trabajos de estudio de Daniel Garzee.
Rafa Ruiz encuentra su frescura y nitidez en el dramatismo en B/N mediante una estética del abandono muy cercana al gótico y al romanticismo. Sus contrastadas escenas emanan una luz interior que hace al espectador mirar en la profundidad de sus encuadres, dejando en los márgenes todo el peso de la sombra acompañando a quien mira. Son obras fruto de la inmediatez y cercanas al fotoperiodismo.
Daniel Garzee por su parte, pone bajo el foco de la fotografía en B/N a la sus modelos retratados, quienes pierden su propia identidad para sumirse en un aspecto más grande que ellos mismos, una experiencia imagen de conjunto. Su reflexión sobre la identidad, el proceso vital y la estética seria que oprime a sus protagonistas no nos da muchas pistas sobre su juventud como creador. Sus retratos miran al pasado, a las fuentes históricas de la luz de Caravaggio o del retrato victoriano, como en la serie El viaje o Yellow Woman, pero a su vez su trabajo va más allá empezando una investigación hacia la introducción de nuevos elementos como en la serie Line que nos lleva a pensar y acercarnos a las imágenes de la fotografía underground americana de los 70 con pinceladas de color.
Después de algunos años sin presentar una exposición individual en España, vuelve a Madrid el artista cubano Armando Mariño (Santiago de Cuba, 1968) con un nuevo proyecto expositivo. Bajo el título Pinturas recientes, la Galería Fernando Pradilla exhibe una selección de dibujos y lienzos de gran formato, realizados en los últimos dos años.
Afincado en New York desde el 2010, Mariño ha desarrollado en este tiempo una intensa actividad creativa y promocional de su trabajo en ciudades de Estados Unidos y Europa, proponiendo nuevos itinerarios temáticos y discursivos en una obra pictórica habitada por multitud de referencias literarias y plásticas, y en plena sintonía con el contexto político, social y cultural contemporáneos en el que se halla inmerso.
Armando Mariño ha reconocido que la fotografía se ha convertido en una fuente esencial para su obra. La iconografía que despliegan sus pinturas y dibujos establece claras referencias con las imágenes que amplifican los medios de comunicación y las redes sociales de la era cibernética. Como ha afirmado en alguna ocasión, la observación detenida de estas imágenes le genera la necesidad de pensarlas pictóricamente, de recrearlas en un cuadro, y para ello recurre a su de-construcción o manipulación a través de programas informáticos plenamente instaurados en la práctica artística contemporánea. Su lenguaje plástico ha transitado por los territorios híbridos de la figuración y la abstracción, en un viaje de ida y vuelta recurrente, siempre marcado por un tratamiento expresivo del color que genera esas atmósferas tan particulares en su pintura.
Muchos de los lienzos y dibujos que se exhiben en esta cuarta exposición del artista en nuestra galería están centrados en la recreación del paisaje desde una perspectiva intimista. La figura humana, presente o intuida, se integra en estos ambientes con cierto aire contemplativo o de ensimismamiento. Los evocadores títulos de piezas como Memento mori, The waste land, The night inside of me, o The sky is the limit, permiten entrever lo que apuntaba Meyken Barreto sobre una muestra anterior de Mariño: “la verdadera dimensión de los dramas generados por las relaciones humanas antes la vastedad natural y física del universo que nos rodea y acoge”.